Fuente: Boletín de la Jiménez
Intersindical de Trabajadores de Iquique
N° 44 miércoles 22 de enero de 2020
Hay que decidir: avanzamos para resolver el vacío de poder o miramos cómo nos embroman
Intersindical de Trabajadores de Iquique
N° 44 miércoles 22 de enero de 2020
Hay que decidir: avanzamos para resolver el vacío de poder o miramos cómo nos embroman
La estrategia del Pacto Social no tiene futuro, en los hechos comenzó a
imponerse la Derecha dura aliada a ex concertacionistas, aterrados
porque perderán las granjerías que han gozado desde 1990.
Las medidas anunciadas por el bloque político-empresarial que gobierna Chile
podrían separarse en tres grandes áreas.
Una de ellas es la política, sustentada en una
alianza amplia en defensa de la institucionalidad neoliberal, planteando cambios
cosméticos que consolidarán el modelo siendo el Acuerdo por la Paz su máxima
expresión, inserto en la estrategia del Pacto Social.
Un segundo plano, no menos
importante que lo anterior, es la adecuación del aparato represivo, especialmente en
lo referente a los servicios de inteligencia y el combate callejero urbano.
La tercera
dimensión, es lo que denominan la agenda social, vale decir la respuesta a múltiples
demandas socio económicas que surgen en todos los niveles de la sociedad.
Para el bloque en el poder estas áreas tienen igual relevancia y presiona al Congreso
para que apruebe leyes que no resolverán, en absoluto, la crisis.
En el marco del
actual modelo político económico no hay salida a la grave situación que vivimos.
Desde que retrocedió, anulando el alza del pasaje del Metro, Piñera no ha podido
retomar la iniciativa pero logró sobrevivir amarrando a la élite política gracias al
Acuerdo por la Paz, pero cuya aplicación aún está en veremos e inclusive, su
concreción no significará una solución a la crisis, a lo sumo podrá aplazarla.
El bloque político empresarial no puede encontrar una salida.
Además, la dinámica
del conflicto político debilitó la legitimidad del régimen, el que se encuentra con sus
instituciones colapsadas, las que ya no sirven para lo que fueron creadas.
Los voceros empresariales que opinan en los medios conservadores, muestran alta
incapacidad ideológica y nadie plantea alguna solución viable.
Vale decir, al bloque
patronal se le cayó el proyecto, no tiene una alternativa y este vacío se traspasa a sus
representantes en el Estado, aparato que funciona por inercia.
Ante dicha situación, el gran desafío para el pueblo rebelado es avanzar para llenar
el vacío existente buscando refundar el Estado, pero para ello debe construir los
órganos alternativos de poder, cuya más cercana configuración son los cabildos.
En
este caso, no pueden confundirse las estructuras constituidas para enfrentar la lucha,
con aquellos organismos sobre cuya base se construirá una nueva institucionalidad.
Las colapsadas estructuras institucionales se derrumbarán una tras otra y según el
desarrollo de los acontecimientos, se desplegará su reemplazo, formando parte de la
confrontación entre los intereses de las distintas clases sociales.
Piñera adecua la institucionalidad colapsada priorizando el carácter coercitivo,
porque los empresarios defenderán sus privilegios acudiendo a todas las formas de
lucha, entre ellas, la represiva intensa.
Pero será en vano si el pueblo organiza un
aparataje alternativo que se haga cargo de las actividades del país.
La estrategia de ruptura sólo será viable con la profundización democrática y esta
únicamente puede alcanzarse con la existencia de estructuras y formas que aseguren
la participación, el control y la capacidad de decisión y gestión por parte del pueblo
organizado, lo que significa la construcción de un poderoso aparataje de nuevas
instituciones, el que servirá para alcanzar instancias de poder como para ejercerlo.
¿Es correcto pedir la
renuncia de Piñera y el
cierre del Congreso?
En nuestra edición N° 14 del 20 de
octubre pasado, señalamos que la
crisis sólo podía resolverse con la
renuncia de Piñera y el cierre del
Congreso, entre otras medidas.
Hoy
a tres meses del inicio de la rebelión
reafirmamos dicha postura como
correcta.
En esta idea coincidimos
con organizaciones hermanas y
surgen otras ideas semejantes como
convocar a elecciones anticipadas.
Pero lo central es la certeza de que
el proceso constituyente no puede
efectuarse con el actual gobierno ni
tampoco con el poder que tiene el
Congreso Nacional.
Piñera sigue administrando el país
como si estuviera en la normalidad.
La única diferencia la marca el
paquete de leyes represivas que sus
aliados aprueban inalterablemente.
Todo lo demás es una reafirmación
del esquema neoliberal.
De manera
imperturbable lanza proyectos que
persisten en reforzar el modelo.
A su vez, el país sigue funcionando
con toda la carga de abusos y
desigualdad, con alta desviación de
recursos estatales a los empresarios.
La consigna central en la totalidad
de las manifestaciones callejeras es
“Fuera Piñera”. Pero, las encuestas,
todas de Derecha, no efectúan la
pregunta clave a sus usuarios: ¿Está
de acuerdo en que renuncie Piñera?
O ¿Está de acuerdo con el cierre del
Congreso Nacional?
Obviamente,
prefieren acomodar los datos a
cuestiones obvias.
La debilidad del actual proceso
constituyente persistirá, si no se
neutraliza el excesivo poder que
tienen Piñera y el Parlamento.
Réquiem para los arquitectos de la “renovación”
Partido Socialista cuesta abajo en la rodada
Después del golpe militar de 1973, norteamericanos y europeos señalaron
como gran problema para sus intereses, la existencia de un PS radicalizado
que no obedecía a los patrones de la socialdemocracia mundial, corriente
política que aceptaba sin complejos el capitalismo buscando humanizarlo.
Ante ello, el gran objetivo fue variar dicha situación y junto iniciaron un
proceso de largo aliento destinado a constituir un PS renovado que le sirviera
a su esquema de dominación en Latinoamérica.
La historia es conocida, durante los años 1980 se desarrolló una intensa
lucha ideológica al interior del socialismo chileno la que culminó con el
triunfo absoluto del sector socialdemócrata, que cooptó o arrasó con los
sectores de izquierda.
Todo ello en medio de una gran dispersión.
A comienzos de 1990, el proceso de reunificación se consolidó bajo las ideas
renovadas, apuntalando una nueva alianza, esta vez con la DC y relegando
definitivamente la antigua unidad con el PC que había llevado a Salvador
Allende al gobierno bajo la coalición Unidad Popular.
Las corrientes que concurrieron al PS reunificado habían apostado por la
salida pactada con Pinochet protagonizando la negociación de 1989 que
inició los 30 años de falsa democracia que eclosionó el 18 de octubre pasado.
La fuerte lucha fraccional fue superada con el acuerdo entre los “barones”
quienes ufanándose de su “modernidad”, organizaron el PS como una
empresa y sin asco alguno aplicaron indecorosas medidas para mantener un
aparato de poder clave en los gobiernos de la Concertación-Nueva Mayoría.
Una gran cantidad de antiguos militantes, participantes activos de la
resistencia clandestina, se negó a incorporarse al PS renovado.
También,
hubo grupos marginales y sin acceso a las granjerías, que resistieron el
dominio omnímodo de los “barones” apostando a dar la pelea por dentro,
pero fue una ilusión, la fortaleza del poder y el dinero, junto al apoyo
internacional, hizo que el sector socialdemócrata, convertido abiertamente
en neoliberal, siguiera usufructuando del manejo partidario.
Hoy el neoliberalismo muerde el polvo de la derrota y quienes apostaron a
dicho modelo en el PS están a la defensiva y sin juego de piernas, la
desafiliación de militantes se acrecienta, muchos de ellos valiosos cuadros,
pero otros, simples ratas que abandonan los barcos cuando se hunden.
El problema del PS es que no sabe hacia dónde ir, algo extraño, ya que, a
pesar de sus divisiones, siempre elaboró teoría, proyectos y líneas
estratégicas, pero ya no es el partido de Allende, es una agrupación que
mantiene gran número de militantes honestos, pero dominado por una
cúpula minoritaria y poderosa cuyo único atributo es la acrobacia política.
¿Crecimiento económico o
respuesta a demandas?
Pareciera que es el viejo dilema acerca de
qué es lo primero, el huevo o la gallina.
Pero, en este caso, la respuesta ya está
definida. Por mucho que el gobierno
señale su disposición a responder a las
demandas sociales, no hará gestión
alguna que satisfagan las peticiones de la
ciudadanía.
Todo anuncio efectuado
hasta el momento, sólo trae pequeñas
compensaciones que no resuelven la
grave situación que afecta a la mayoría
del país. Los cambios que deben
generarse son de envergadura y con el
actual esquema no se pueden efectuar.
El consenso entre la Derecha del estatus
quo y los seguidores del Pacto Social, es
que primero debe haber crecimiento.
Pero, a la vez, todos pronostican que el
crecimiento será ínfimo debido a la
protesta social, entonces lo lógico, según
su visión, es que se termine la protesta
social para que el país expanda su
economía y distribuir el teórico
excedente equitativamente. Digno de una trama kafkiana.
El ministro de Hacienda ha sido claro, no
habrá variación en la política económica,
mucho menos de la impositiva.
Lo único
que ofrece es una mayor gestión de los
actuales recursos fiscales, o sea,
desvestir un santo para vestir a otro.
Los cantos de sirena de Briones
señalando que prefiere una sociedad más
equitativa no convencen a nadie en su
sano juicio.
No hay decisión ni capacidad
para satisfacer las demandas, por el
contrario todo se desarrolla según los
parámetros neoliberales.





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