Fuente: Boletín de la Jiménez
Intersindical de Trabajadores de Iquique
N° 45 sábado 1º de febrero de 2020
Posturas fatalistas señalan que todo está consumado
Intersindical de Trabajadores de Iquique
N° 45 sábado 1º de febrero de 2020
Algunos actores sociales plantean, erróneamente, que la cocina del 15 de noviembre consolidó un diseño e itinerario constituyente, no quedando otra opción que transitar de acuerdo a sus reglas buscando acumular fuerzas para transformarlo desde su interior.
Evidentemente es una ilusión, porque es la misma trampa en la que hemos caído durante los últimos 30 años de supuesta transición democrática. Un mínimo de realismo político indica que si asumimos la existencia de una crisis aún no resuelta, ningún escenario puede estar predeterminado.
Lo central es precisamente leer con claridad la nueva situación política abierta a contar del 18 de octubre y diagnosticarla tomando en cuenta todas las dimensiones de la lucha que se desarrolla entre las diferentes clases sociales, la que no se agota en la institucionalidad vigente ni en los límites del aparato de Estado.
Inclusive, analizando la crisis en un trazo largo y no en el día a día, nadie puede asegurar que se mantendrá invariable, porque eso nunca sucederá, o tenderá agudizarse, simplemente se aplazará o se resolverá, y si se pretende examinarla, debe tomarse en cuenta al conjunto de la sociedad, uno de cuyos componentes es, precisamente, el movimiento social, por lo tanto, no todo debe referirse al poder estatal, principalmente porque este se encuentra con alto grado de rechazo ciudadano y porque ha demostrado evidente incapacidad para funcionar, inclusive, gran porcentaje de sus estructuras y empleados se desempeña por inercia.
Sólo el aparato represivo mantiene alta actividad con propósitos muy concretos, pero si el Estado reduce su principal gestión a desarrollar su dispositivo coactivo significa que no cumple los objetivos para los que fue creado y atraviesa por un momento de alta debilidad.
Es evidente que la mayoría de las fuerzas parlamentarias coinciden con el gobierno en la defensa del modelo político-económico que nos rige, y que a su vez, al interior de dicha alianza se aprecian discrepancias que la prensa de Derecha exacerba para hacernos creer que Piñera tiene una fuerte oposición, pero estas supuestas diferencias son un juego, ya que ambos sectores se unen cuando observan que la ciudadanía se rebela contra sus directrices, surgiendo entonces los llamados en contra de la violencia, a defender el diálogo o la “transversalidad” y luego se olvidan de las buenas palabras, volviendo todo a lo de siempre.
Hasta el momento ni el gobierno o el Congreso han impulsado iniciativa alguna para resolver las demandas expresadas en largas jornadas por parte de la mayoría de la sociedad chilena. Solo han administrado y legislado para fortalecer la represión, lo demás fue aprobar un insulso y banal conjunto de medidas que fortalecen el modelo político y económico que nadie quiere.
¿Hay posibilidades de que el proceso constituyente pueda llegar a buen término con Piñera en el gobierno y el actual Parlamento aprobando leyes sin decoro alguno?
Obviamente que son mínimas, ya que todo será controlado desde el poder.
En este sentido, la ciudadanía debe organizar su propio poder desde la base comunitaria y construir su propio escenario, el que debe sustentarse en la más profunda democracia, de carácter participativo y de vinculación directa, avanzando para llenar el vacío que deja un Estado actuando por dejadez.
Insistimos, no todo está predeterminado. Pero cualquier avance dependerá de que el variado conjunto de iniciativas surgidas en estos 100 días converjan en la construcción de un poder alternativo, y su cimentación ya será un cambio profundo en el escenario político.
En este plano, no podemos confundir las estructuras formadas al calor de la lucha reivindicativa con aquellas que necesitamos para construir la nueva institucionalidad que el país necesita.
Debemos constituir una amplia red de organizaciones de tal capacidad que logren satisfacer las demandas y, a la vez, avancen sobre el vacío de poder existente, pero, además, que también comiencen a hacerse cargo de los problemas concretos de la gente en el barrio, la empresa o el colegio.
El gobierno no puede con el pueblo y fijó en el orden público, la demanda social y el proceso constituyente, sus tres prioridades.
Abandonó su agenda modernizadora en una defensiva extrema frente a la ofensiva de la ciudadanía.
Pero, la permanencia de Piñera en La Moneda es un problema y su falta de luces le hace persistir en medidas neoliberales y acciones represivas que sólo retroalimentan la crisis.
Con el gobierno y el actual Congreso no hay futuro. Por allí debe comenzar a cambiar el escenario.
Carabineros descontrolado retroalimenta la rebelión
El atropello de Jorge Mora Herrera, el “Neco”, 37 años, integrante de la barra del club Colo Colo, fue un crimen sin sentido que reforzó la protesta social que en tres días, ya acumula cinco muertos, decenas de comisarías y retenes atacados, buses incendiados, supermercados saqueados y numerosos incidentes que según el gobierno son los disturbios más graves desde octubre.
Las manifestaciones se desarrollan en las comunas populares de Santiago y en grandes ciudades del país.
La jueza Andrea Acevedo, liberó a Carlos Martínez, carabinero responsable del asesinato, dejándolo con firma semanal por “conducta negligente justificada”, lo que enardeció a grupos de pobladores que cercaron numerosas comisarías.
Además, ironizó con un “estallido etílico” y otras opiniones que reflejan un clasismo, contrario a la mínima ética en una jurista.
Al asesinato de Moya siguió la muerte de un manifestante y la de Ariel Moreno Molina, joven de 24 años, a causa de un disparo efectuado por carabineros de la comisaría de Padre Hurtado.
Los empresarios imploran por el orden público para que Chile “vuelva crecer” y, erróneamente, creen que la inteligencia policial y la represión pacificarán el país, pero sólo logran el efecto contrario.
Las combativas adolescentes de Iquique
El gran aporte de futuro
En medio de la movilización desplegada en Iquique destacan numerosas mujeres de corta edad, que al calor de gritos, cánticos y largas marchas, participan entusiastamente de la rebelión en el norte del país.
Son decididas jovencitas que con entusiasmo y sensatez asumen responsablemente su compromiso.
Las personas adultas se asombran ante el grupo de niñas entre 12 y 18 años, señalando con admiración: ¿De dónde salió tanta “cabra chica”?
Sin que tal apelativo signifique faltarles el respeto.
Todo lo contrario, es el reconocimiento a quienes, con muy corta edad, se incorporan con tal nivel de seriedad a la lucha popular.
No debería sorprender a nadie, ya que desde hace años las adolescentes de la región participan en causas sociales.
Durante el rechazo a las termoeléctricas, en los desfiles oficiales, las liceanas marchaban con la boca tapada en señal de protesta.
Hoy aparecieron otras, pero son la continuidad de las veinteañeras o treintañeras que las antecedieron, constituyendo un sector etario que ya está instalado en la sólida fuerza social levantada durante las dos últimas décadas.
La mayoría son estudiantes y como tales participaron activamente en las largas “tomas” de colegios y desde allí se descolgaban a las masivas marchas que se efectuaban por el centro de la ciudad.
No sólo encaran en primera fila a las fuerzas especiales en las puertas de la comisaria de la calle O'Higgins o a los militares del regimiento Granaderos, sino que en medio de la espesa y desagradable humareda de las lacrimógenas, abren sus pequeñas mochilas para sacar una limón de Pica cortado en diminutas tajadas o un spray con un salvador líquido que neutraliza la irritación de los ojos.
La irrupción de las adolescentes iquiqueñas, hospicianas y del interior, es parte del cambio
social en la región. Nueva e irreversible realidad en la que el poder femenino no podrá ser ignorado, desterrando el patriarcado y renovando la sociedad tarapaqueña.
La participación de las adolescentes en las marchas tiene un sentido que va más allá de la protesta. Es una arista fundamental del cambio social que, junto a la confrontación con el bloque empresarial que mantiene un modelo arbitrario, injusto y corrupto, apunta a terminar con el sistema de abusos contra la mujer.
Cuestión posible de lograr definitivamente si quienes sufren tal discriminación lideran la lucha por terminarla.







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