Fuente: Boletín de la Jiménez
Intersindical de Trabajadores de Iquique
N° 19 - Extraordinario Domingo 3 de noviembre de 2019
Algunos personajes de la Nueva Mayoría y la derecha del Frente Amplio, promueven un plebiscito para que se decida el llamado a una asamblea constituyente.
Es una idea aparentemente lógica pero incorrecta y peligrosa, además, blanquea a los parlamentarios, responsables directos de la crisis.
Hoy, lo central es la lucha entre el poder constituyente expresado en la calle y los barrios contra el poder constituido cuya base es la institucionalidad y el Estado.
Ambos no tienen posibilidad de dialogar, uno se impondrá al otro, nosotros/as lucharemos para que sea el constituyente.
En ese mismo sentido, convocar a un pacto social en el marco del poder constituido, sólo confunde al pueblo, lo que favorece directamente al bloque dominante.
No hay posibilidad de contrato con el poder constituido y la conducta del gobierno y de quienes fueron a La Moneda el miércoles pasado así lo indica. Vergonzosamente surgieron los Burgos y otros esperpentos políticos llamando a cuidar la democracia. Pero en Chile no hay democracia.
No hay salida con Piñera y el Parlamento, o se repetirá lo de 1989 y los empresarios pondrán a otro títere que aduciendo lograr cambios “en la medida de lo posible”, impondrá el gatopardismo por otros 30 años más.
Si algún parlamentario quiere aportar tiene que plantear el cierre del congreso y participar como ciudadano a pie. No pueden trazar ideas desde un púlpito desprestigiado y encubridor de décadas de abusos, los que hoy se repiten en las calles, mientras los congresales juegan a limpiar su imagen.
Además, es un problema político, porque no es solo una crisis social, mucho menos deportiva o religiosa, es esencialmente una crisis política, por lo que lo constitucional está directamente relacionado a la fuerza que la gente desarrollará en estos días, sobre todo en su estructura territorial, para imponer a las élites una transición democrática, lo que después se expresará en las leyes.
En esta crisis política, primero se resuelve el tema de la fuerza con relación al aparato estatal y, en este caso concreto, está definido por la renuncia de Piñera, el cierre del congreso y el inicio del proceso constituyente.
La utilización de mecanismos institucionales sin que se exprese la nueva situación de fuerzas definida por el alzamiento popular, es hacerle el juego a los empresarios y a Piñera.
El congreso es parte del problema, inclusive está funcionando como si nada, mientras a la gente se le dispara balines en las calles. No puede aportar a la solución.
Las elecciones son cada vez menos participativas y el dinero de los patrones decide quiénes saldrán elegidos, aunque para enmascarar las votaciones permiten que algunos de sus supuestos enemigos obtengan ciertas victorias. Casa Piedra es la nueva catedral.
En concreto, se suponía que en 1990 comenzaba la transición democrática y que se establecería un nuevo régimen, pero tal cosa nunca sucedió. Fue una extensión de la Dictadura, hoy existe libertad y acceso a bienes de consumo que están condicionados a quienes tiene altos ingresos, una ínfima minoría en el país. El resto, la gran mayoría de los habitantes está marginado.
Alguien puede decir que hay libertad de prensa, pero ¿quiénes pueden publicar un periódico o instalar una radio o una estación de TV abierta o por canal? Sólo los más ricos y, no hay medios de comunicación neutrales, ya que en estos días hemos visto que la totalidad de ellos se han alineado con la política de los empresarios y el gobierno de Piñera. Algunos mitos como la radio Bio Bio se cayeron estrepitosamente, era una falsedad su independencia. Un bodrio.
Con 30 años de retraso, con el pueblo en las calles y la elite política y empresarial a la defensiva, es necesario comenzar la transición democrática. Proceso que debe efectuarlo el pueblo organizado territorialmente, desde su propio poder constituyente. La soberanía popular no es una tesis es una expresión material expresada en la fuerza de la gente común para establecer sus derechos y deberes.
Pocas personas leen periódicos como El Mercurio, Diario Financiero o El Libero. Sin embargo, es esencial hacerlo, ya que allí se expresa en gran medida el diseño del bloque empresarial para salir de la crisis. A través de sus páginas o portales, se direcciona el accionar de la Derecha política y económica.
En efecto, lo principal para el empresariado es ganar tiempo, ya que erróneamente concluyen que el estallido social es espontáneo, no tiene conducción y las masas se calmarán pronto volviendo todo a la normalidad, léase, aplicación sin contrapesos del modelo neoliberal.
No obstante, necesitan retomar la iniciativa política, sobre todo, ante una “oposición” perpleja, ya que además, lo internacional se vino abajo estrepitosamente. Para ello, es esencial que Piñera mantenga el diálogo, aún sin pactos, porque conversar es el gran avance. Y para que no se espante el contertulio le conceden algunas cosas, como el acuerdo para discutir reformas estructurales más adelante, inclusive cambios a la Constitución. No faltarán los pusilánimes.
Para ello, apuntan a estimular a dos grupos específicos: los democratacristianos y, por otro lado, a los nostálgicos de la Concertación. Ese es su eje. Sobre ambos sectores el gobierno está operando y su base discursiva es “la necesidad del diálogo”, “cuidar la democracia” o “evitar la crisis de la institucionalidad”, cualquiera lo puede observar, ya que los medios repiten de manera constante estas ideas.
Comunicacionalmente, su táctica es imponer la vuelta a la normalidad.
Convencer que disminuye la movilización, las marchas, los “actos vandálicos” y vecinos están limpiando la suciedad, etc. Con ello calman a sus bases y a la vez imponen la imagen de que todo está pasando, para desmoralizar a la gente.
Se cambió de verbo, desde “vandalizar” se pasó a “normalizar”.
La idea central tiene un fondo muy serio, el empresariado y las multinacionales saben que si se impone lo que exigen en la calle, dejarán de ser dominantes al interior de la sociedad chilena.
Por lo tanto, están muy atentos a lo que está sucediendo y se jugarán a fondo para defender sus privilegios no desechando ninguna medida.
Pero es distinto lo que señalan en los medios: Luksic sube los sueldos, Swett habla de meterse la mano al bolsillo hasta que duela, Piñera dejó de hablar de guerra y dice que escuchó el mensaje. Pero no nos equivoquemos, el empresariado y la Derecha se empecinarán en mantener el modelo, sería “antinatura” que adopten una posición que les impida expandir sus ganancias.
Intersindical de Trabajadores de Iquique
N° 19 - Extraordinario Domingo 3 de noviembre de 2019
Algunos personajes de la Nueva Mayoría y la derecha del Frente Amplio, promueven un plebiscito para que se decida el llamado a una asamblea constituyente.
Es una idea aparentemente lógica pero incorrecta y peligrosa, además, blanquea a los parlamentarios, responsables directos de la crisis.
Hoy, lo central es la lucha entre el poder constituyente expresado en la calle y los barrios contra el poder constituido cuya base es la institucionalidad y el Estado.
Ambos no tienen posibilidad de dialogar, uno se impondrá al otro, nosotros/as lucharemos para que sea el constituyente.
En ese mismo sentido, convocar a un pacto social en el marco del poder constituido, sólo confunde al pueblo, lo que favorece directamente al bloque dominante.
No hay posibilidad de contrato con el poder constituido y la conducta del gobierno y de quienes fueron a La Moneda el miércoles pasado así lo indica. Vergonzosamente surgieron los Burgos y otros esperpentos políticos llamando a cuidar la democracia. Pero en Chile no hay democracia.
No hay salida con Piñera y el Parlamento, o se repetirá lo de 1989 y los empresarios pondrán a otro títere que aduciendo lograr cambios “en la medida de lo posible”, impondrá el gatopardismo por otros 30 años más.
Si algún parlamentario quiere aportar tiene que plantear el cierre del congreso y participar como ciudadano a pie. No pueden trazar ideas desde un púlpito desprestigiado y encubridor de décadas de abusos, los que hoy se repiten en las calles, mientras los congresales juegan a limpiar su imagen.
Además, es un problema político, porque no es solo una crisis social, mucho menos deportiva o religiosa, es esencialmente una crisis política, por lo que lo constitucional está directamente relacionado a la fuerza que la gente desarrollará en estos días, sobre todo en su estructura territorial, para imponer a las élites una transición democrática, lo que después se expresará en las leyes.
En esta crisis política, primero se resuelve el tema de la fuerza con relación al aparato estatal y, en este caso concreto, está definido por la renuncia de Piñera, el cierre del congreso y el inicio del proceso constituyente.
La utilización de mecanismos institucionales sin que se exprese la nueva situación de fuerzas definida por el alzamiento popular, es hacerle el juego a los empresarios y a Piñera.
El congreso es parte del problema, inclusive está funcionando como si nada, mientras a la gente se le dispara balines en las calles. No puede aportar a la solución.
Comenzar la verdadera transición
Quienes se manifiestan en las calles lo hacen levantando un gran reclamo: en Chile no hay democracia. Vale decir, coinciden en que Pinochet transfirió el poder a un grupo elitista liderado por los empresarios al que obedecen los partidos políticos, las sectas religiosas, las logias mediáticas y las cúpulas militares.Las elecciones son cada vez menos participativas y el dinero de los patrones decide quiénes saldrán elegidos, aunque para enmascarar las votaciones permiten que algunos de sus supuestos enemigos obtengan ciertas victorias. Casa Piedra es la nueva catedral.
En concreto, se suponía que en 1990 comenzaba la transición democrática y que se establecería un nuevo régimen, pero tal cosa nunca sucedió. Fue una extensión de la Dictadura, hoy existe libertad y acceso a bienes de consumo que están condicionados a quienes tiene altos ingresos, una ínfima minoría en el país. El resto, la gran mayoría de los habitantes está marginado.
Alguien puede decir que hay libertad de prensa, pero ¿quiénes pueden publicar un periódico o instalar una radio o una estación de TV abierta o por canal? Sólo los más ricos y, no hay medios de comunicación neutrales, ya que en estos días hemos visto que la totalidad de ellos se han alineado con la política de los empresarios y el gobierno de Piñera. Algunos mitos como la radio Bio Bio se cayeron estrepitosamente, era una falsedad su independencia. Un bodrio.
Con 30 años de retraso, con el pueblo en las calles y la elite política y empresarial a la defensiva, es necesario comenzar la transición democrática. Proceso que debe efectuarlo el pueblo organizado territorialmente, desde su propio poder constituyente. La soberanía popular no es una tesis es una expresión material expresada en la fuerza de la gente común para establecer sus derechos y deberes.
Vuelta a la normalidad y diálogo con la oposición, la táctica central del gobierno
Pocas personas leen periódicos como El Mercurio, Diario Financiero o El Libero. Sin embargo, es esencial hacerlo, ya que allí se expresa en gran medida el diseño del bloque empresarial para salir de la crisis. A través de sus páginas o portales, se direcciona el accionar de la Derecha política y económica.
En efecto, lo principal para el empresariado es ganar tiempo, ya que erróneamente concluyen que el estallido social es espontáneo, no tiene conducción y las masas se calmarán pronto volviendo todo a la normalidad, léase, aplicación sin contrapesos del modelo neoliberal.
No obstante, necesitan retomar la iniciativa política, sobre todo, ante una “oposición” perpleja, ya que además, lo internacional se vino abajo estrepitosamente. Para ello, es esencial que Piñera mantenga el diálogo, aún sin pactos, porque conversar es el gran avance. Y para que no se espante el contertulio le conceden algunas cosas, como el acuerdo para discutir reformas estructurales más adelante, inclusive cambios a la Constitución. No faltarán los pusilánimes.
Para ello, apuntan a estimular a dos grupos específicos: los democratacristianos y, por otro lado, a los nostálgicos de la Concertación. Ese es su eje. Sobre ambos sectores el gobierno está operando y su base discursiva es “la necesidad del diálogo”, “cuidar la democracia” o “evitar la crisis de la institucionalidad”, cualquiera lo puede observar, ya que los medios repiten de manera constante estas ideas.
Comunicacionalmente, su táctica es imponer la vuelta a la normalidad.
Convencer que disminuye la movilización, las marchas, los “actos vandálicos” y vecinos están limpiando la suciedad, etc. Con ello calman a sus bases y a la vez imponen la imagen de que todo está pasando, para desmoralizar a la gente.
Se cambió de verbo, desde “vandalizar” se pasó a “normalizar”.
La idea central tiene un fondo muy serio, el empresariado y las multinacionales saben que si se impone lo que exigen en la calle, dejarán de ser dominantes al interior de la sociedad chilena.
Por lo tanto, están muy atentos a lo que está sucediendo y se jugarán a fondo para defender sus privilegios no desechando ninguna medida.
Pero es distinto lo que señalan en los medios: Luksic sube los sueldos, Swett habla de meterse la mano al bolsillo hasta que duela, Piñera dejó de hablar de guerra y dice que escuchó el mensaje. Pero no nos equivoquemos, el empresariado y la Derecha se empecinarán en mantener el modelo, sería “antinatura” que adopten una posición que les impida expandir sus ganancias.
Los cabildos y asambleas territoriales deben ser la base de un poder alternativo
La canalización de la poderosa energía desatada por la gente movilizada durante estos días, se está encauzando hacia la organización de base, desplegada en cabildos o asambleas territoriales articuladas por ciudadanos y ciudadanas.
Son numerosas las iniciativas que en las localidades de la región se desarrollan sin una matriz centralizada, solamente acudiendo a la memoria histórica reciente.
En Chile se tiene muy en claro que cualquier cambio que favorezca a la gente sólo podrá implementarse con el respaldo de un poder popular efectivo.
Por ello, no hay que abandonar la calle ni dejar de vocear nuestras reivindicaciones, pero a la vez, debemos emprender diversas tareas para que en los barrios, poblaciones, campamentos, centros educacionales, oficinas o cualquier esquina, se organice un cabildo o asamblea territorial, instancias que no pueden convertirse en simples conversaciones o levantamiento de petitorios que nunca se van a cumplir, si no hay un cambio de fondo en el régimen político.
Debe plantearse el objetivo de control del territorio, de lo contrario se transformarán en voladeros de luces que reproducirán las banales gestiones que desarrollan muchas organizaciones gremiales, las que reducen su acción a reivindicaciones particulares.
Hoy nadie puede arrogarse la representación de la gente que está luchando, mucho menos quienes fueron adherentes de los pasados gobiernos que en los últimos 30 años entregaron el pueblo a la voracidad empresarial, como es el caso de los dirigentes de la CUT, que hoy piden un sueldo mínimo de 500 mil pesos, lo que es correcto, pero deben reconocer auto críticamente que dos años atrás eran suaves corderitos en brazos de Bachelet.
Las organizaciones gremiales tienen un importante rol que cumplir, sobre todo en la convocatoria a la huelga general, pero su acción es limitada a la hora del control territorial, todos y todas quienes marchan luego se van para la casa y son grupos de jóvenes audaces los que siguen manifestándose.
Por ello, el despliegue territorial es necesario para incorporar al vecino y a la vecina, los que son fundamentales a la hora de mantener la desobediencia civil pacífica.



Comentarios
Publicar un comentario