Fuente: BOLETIN de la Jiménez
INTERSINDICAL DE TRABAJADORES DE IQUIQUE
Jueves 15 de octubre de 2019

Presidente Piñera debe renunciar
Cierre del Congreso
Gobierno de Transición
Asamblea Constituyente
Las organizaciones políticas y sociales fuimos sorprendidas, el pueblo se autoconvocó, por lo que debemos ponernos a la altura y ubicar las consignas precisas.
Es una crisis política y por lo tanto se debe buscar una salida política.
Es precisamente el gobierno el que busca eludir la crisis política derivando la atención hacia otros flancos como la militarización, los sospechosos saqueos, chalecos amarillos que cuidan casas,
limpieza de calles por civiles, la ofensiva mediática tras la “normalización”, reuniones en el congreso, mesas de encuentro, obediencia a los militares y tantas otras maniobras que intentan mostrar un país distinto al que protesta.
Llamar a mesas de diálogo, los pactos sociales o comisiones transversales hoy no sirve, sólo nos hará perder el foco, la tarea principal es que renuncie Piñera y se disuelva el congreso.
Otros podrían señalar la tesis gramsciana relativa a una situación en la que el viejo sistema no termina de morir y el nuevo recién está naciendo. De una u otra forma, hay una crisis política pero el país tiene su propia especificidad y es imposible homologarlo con otras experiencias porque ninguna es igual a otra, por lo que su resolución será inédita.
El movimiento social autoconvocado con liderazgo múltiple homogeneizado por una plataforma constituida por acumulación de demandas insatisfechas, se está articulando en torno al “fuera Piñera”. Si esto se impusiese, sólo podría darse sobre la base de su renuncia, es imposible que desde el parlamento avance una moción de destitución.
Chile tuvo una crisis política a partir de las protestas de 1983 y hubo una salida pactada en 1989 con el acuerdo entre el pinochetismo y la Concertación. Se mantuvo el modelo, asumió Aylwin, ya que Pinochet le cedió la presidencia aunque quedó en la jefatura de las Fuerzas Armadas y luego fue senador, o sea permaneció en el aparato estatal.
Asimismo, en el 2006 hubo una crisis social y la salida consensuada se dio a través del Parlamento con la famosa foto de las y los parlamentarios con “las manos tomadas y arriba”. En el 2011 hubo gran movilización, pero nunca llegó a ser crisis política. Hoy si lo es y ¿de dónde podría venir la salida? Piñera apuesta a que la oposición acepte un pacto que él encabece.
La oposición está dividida, hasta ahora, la DC, el PPD y los radicales, están dispuesto a un pacto, mientras el resto tiene dudas, aunque sectores del PS y del Frente Amplio desean llegar a un acuerdo con el presidente. El problema es que un pacto de este tipo mantendría intacto el modelo que mayoritariamente el país rechaza.
Pero si Piñera renunciara y la salida es efectuada por el Parlamento como en el 2006, con la actual correlación de fuerzas el modelo se mantendría, vale decir, la crisis continuará y aunque aminorase, luego reaparecerá.
Sólo podría encabezar una salida como la quiere el pueblo, el tercer poder del Estado, el judicial o quien reemplace a Piñera en un eventual gobierno de transición y aquí la solución tiene dos derroteros, uno de tipo cosmético y otro de tipo estructural, el primero es más de lo mismo o la versión gatopardiana, mientras que el segundo camino sólo se puede desembocar en una Asamblea Constituyente, por lo que el Parlamento automáticamente se disuelve, en este sentido, el Congreso no puede encabezar una salida que cambie el modelo. Alrededor de la Constituyente surgirá un nuevo contrato en la sociedad, nunca antes.
Queda por tanto el tema de la direccionalidad y las consignas. Levantar plataformas reivindicativas es una ilusión, favorece al gobierno y consolida el neoliberalismo. Propiciar mesas de diálogo, pactos sociales o comisiones transversales, es inscribirse en la salida que desea Piñera. Es derechamente una traición al pueblo insurrecto. Igualmente, caer en la violencia es hacerle el juego al régimen, debe ser un levantamiento masivo de desobediencia civil.
Hay partidos que intentan controlar el movimiento, ubican militantes a la cabeza de las marchas, establecen redes, cooptan incautos y aparecen en el centro de las conferencias de prensa, pero es un absurdo, tan infantil como sus políticas desarrolladas hasta el momento. Algunos intentan desviar la atención apuntando a los monos y no a Tarzán.
Otros desean concentrar en lo social algo que es absolutamente político. En fin, en los partidos políticos predomina lo errático y en algunos, el temor y la incapacidad. Hoy el pueblo está autoconvocado y solo él definirá el rumbo. No hay otro camino.

INTERSINDICAL DE TRABAJADORES DE IQUIQUE
Jueves 15 de octubre de 2019

Presidente Piñera debe renunciar
Cierre del Congreso
Gobierno de Transición
Asamblea Constituyente
Las organizaciones políticas y sociales fuimos sorprendidas, el pueblo se autoconvocó, por lo que debemos ponernos a la altura y ubicar las consignas precisas.
Es una crisis política y por lo tanto se debe buscar una salida política.
Es precisamente el gobierno el que busca eludir la crisis política derivando la atención hacia otros flancos como la militarización, los sospechosos saqueos, chalecos amarillos que cuidan casas,
limpieza de calles por civiles, la ofensiva mediática tras la “normalización”, reuniones en el congreso, mesas de encuentro, obediencia a los militares y tantas otras maniobras que intentan mostrar un país distinto al que protesta.
Llamar a mesas de diálogo, los pactos sociales o comisiones transversales hoy no sirve, sólo nos hará perder el foco, la tarea principal es que renuncie Piñera y se disuelva el congreso.
Una crisis política necesita una salida política
Los militares en las calles, gran parte de las actividades del país paralizada, incapacidad política del gobierno para lograr una salida consensuada con el resto de la elite, constante protesta callejera y la eventual permanencia de un estado de desobediencia civil, demuestra la clásica tesis leninista referente a una crisis política: los de arriba no pueden, los de abajo no quieren, junto a una intensa movilización de masas por sus derechos que ya no retrocederá.Otros podrían señalar la tesis gramsciana relativa a una situación en la que el viejo sistema no termina de morir y el nuevo recién está naciendo. De una u otra forma, hay una crisis política pero el país tiene su propia especificidad y es imposible homologarlo con otras experiencias porque ninguna es igual a otra, por lo que su resolución será inédita.
El movimiento social autoconvocado con liderazgo múltiple homogeneizado por una plataforma constituida por acumulación de demandas insatisfechas, se está articulando en torno al “fuera Piñera”. Si esto se impusiese, sólo podría darse sobre la base de su renuncia, es imposible que desde el parlamento avance una moción de destitución.
Chile tuvo una crisis política a partir de las protestas de 1983 y hubo una salida pactada en 1989 con el acuerdo entre el pinochetismo y la Concertación. Se mantuvo el modelo, asumió Aylwin, ya que Pinochet le cedió la presidencia aunque quedó en la jefatura de las Fuerzas Armadas y luego fue senador, o sea permaneció en el aparato estatal.
Asimismo, en el 2006 hubo una crisis social y la salida consensuada se dio a través del Parlamento con la famosa foto de las y los parlamentarios con “las manos tomadas y arriba”. En el 2011 hubo gran movilización, pero nunca llegó a ser crisis política. Hoy si lo es y ¿de dónde podría venir la salida? Piñera apuesta a que la oposición acepte un pacto que él encabece.
La oposición está dividida, hasta ahora, la DC, el PPD y los radicales, están dispuesto a un pacto, mientras el resto tiene dudas, aunque sectores del PS y del Frente Amplio desean llegar a un acuerdo con el presidente. El problema es que un pacto de este tipo mantendría intacto el modelo que mayoritariamente el país rechaza.
Pero si Piñera renunciara y la salida es efectuada por el Parlamento como en el 2006, con la actual correlación de fuerzas el modelo se mantendría, vale decir, la crisis continuará y aunque aminorase, luego reaparecerá.
Sólo podría encabezar una salida como la quiere el pueblo, el tercer poder del Estado, el judicial o quien reemplace a Piñera en un eventual gobierno de transición y aquí la solución tiene dos derroteros, uno de tipo cosmético y otro de tipo estructural, el primero es más de lo mismo o la versión gatopardiana, mientras que el segundo camino sólo se puede desembocar en una Asamblea Constituyente, por lo que el Parlamento automáticamente se disuelve, en este sentido, el Congreso no puede encabezar una salida que cambie el modelo. Alrededor de la Constituyente surgirá un nuevo contrato en la sociedad, nunca antes.
Queda por tanto el tema de la direccionalidad y las consignas. Levantar plataformas reivindicativas es una ilusión, favorece al gobierno y consolida el neoliberalismo. Propiciar mesas de diálogo, pactos sociales o comisiones transversales, es inscribirse en la salida que desea Piñera. Es derechamente una traición al pueblo insurrecto. Igualmente, caer en la violencia es hacerle el juego al régimen, debe ser un levantamiento masivo de desobediencia civil.
Hay partidos que intentan controlar el movimiento, ubican militantes a la cabeza de las marchas, establecen redes, cooptan incautos y aparecen en el centro de las conferencias de prensa, pero es un absurdo, tan infantil como sus políticas desarrolladas hasta el momento. Algunos intentan desviar la atención apuntando a los monos y no a Tarzán.
Otros desean concentrar en lo social algo que es absolutamente político. En fin, en los partidos políticos predomina lo errático y en algunos, el temor y la incapacidad. Hoy el pueblo está autoconvocado y solo él definirá el rumbo. No hay otro camino.

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